ALICE HERZ-SOMMER, LA JUDIA QUE ADMIRARON LOS NAZIS


Alice Herz-Sommer nació en Checoslovaquia en 1903. Procedente de una familia acomodada, su talentosa madre le inculcó el amor por el arte y la música. En su casa ya se respiraba el talento.
El momento del horror llegó verdaderamente en 1943, cuando Alice, su marido y su hijo Raphael fueron enviados al campo de concentración de Theresienstadt (Terencin), donde la artista perdió todo con lo que había crecido. «Nos quedamos sin nada», relata la artista. Durante su marcha, numerosos vecinos y amigos no judíos de la pianista acudieron a su domicilio, no para despedirse, ni para darle suerte, sino para hacerse con todas sus pertenencias de cara a su repentina marcha. "Mis amigos que no eran judíos ya ni me miraban". Su vecino, el soldado nazi, fue para Alice "el más humano de todos ellos".
En Theresiendstad el régimenreunió a numerosos artistas: músicos, actores, escritores...«todo era propaganda, nos querían mostrar al mundo mientras asesinaban a nuestros amigos». Sin embargo, cuando celebraba sus conciertos -dio al menos cien en el campo de concentración- la pianista notaba la presencia de soldados del régimen que, en secreto, eran fervientes admiradores de su música.
Según pasaban los meses, varios de esos jóvenes fueron haciéndose famliares. Alice incluso vio aplaudir a uno hasta que un compañero le dio un toque, para recordarle que la apreciación de cualquier persona o cosa judía estaba prohibida. Una noche, cuando salía de las barracas de Magdeburgo para ir a sus dependencias, un joven oficial se acercó a ella: "Por favor, quiero darle las gracias. Toca el piano estupendamente. Poco después, otro soldado alemán interrumpiría su camino para asegurarle que ni ella ni su hijo entrarían en ninguna lista de deportación.
Quién sí fue deportado fue su marido, enviado en 1944 al campo de concentración de Auschwitz. Poco antes del fin de la guerra el hombre moría dejando a Alice sola con su único hijo. La pesadilla de Theresiendstad terminaba el 9 de mayo de 1945. "Cuando volví a casa nadie regresó, ni mi familia, ni mis amigos. Ahí fue cuando me percaté de lo que había hecho Hitler. Tocaba Chopin mientras ellos enviaban a mi familia a la muerte".
No obstante , Alice nunca borró su sonrisa: "En lugar de empecinarse en los problemas, ¿por qué no ver las cosas buenas de la vida?".

 

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